Rescatando las relaciones cara a cara

Se acercan celebraciones del amor en sus diversas connotaciones, todas ellas basadas en un principio fundamental: el placer de disfrutar la compañía y relación con otros. Las oficinas han sido lugares propicios para el nacimiento de esas interacciones. De hecho, durante décadas se han acumulado evidencias en materia de apoyo social en el trabajo que fijan posiciones como la del psicólogo Andrés Jimenez, quien en un interesante artículo sobre factores laborales de equilibrio, refiere que culturas organizacionales con alto grado de formalidad y menor intimidad entre sus miembros, muestran menos bienestar y mayor dificultad para fomentar la calidad de vida en sus equipos.

Las investigaciones en este ámbito, como las de Chiaburu y Harrison (2008), han sostenido con mucha evidencia que las redes de interacción y compañerismo son consideradas una fuente fundamental de apoyo, especialmente en aquellos puestos que requieren de una alta interacción social para el cumplimiento de las tareas. El ofrecimiento de ayuda, amistad o afecto positivo promueven la identificación, permanencia y bienestar que se traducen en mejores resultados organizacionales.

Sin embargo, en una era digital, donde el "hazlo tú mismo" y el "auto servicio" son las tendencias más valoradas, es importante validar la concepción del de apoyo social y la amistad en todos los contextos sociales, especialmente en el ámbito laboral. Ya no tenemos que interactuar directamente, las organizaciones cada vez invierten más en formas de comunicación que nos ahorran la mayor parte de contactos presenciales y los vínculos que antes eran indispensables. La pregunta que nos motivó a escribir sobre este tema es: ¿realmente necesitamos ese contacto? ¿Cuál es el valor de las redes de apoyo social en el trabajo para las nuevas generaciones?

La respuesta es un rotundo sí: necesitamos el contacto y las interacciones cara a cara siguen teniendo un altísimo valor tanto personal como laboral. Aun cuando la última década ha estado marcada por interacciones nacidas en los teléfonos inteligentes y las redes sociales, un estudio publicado por LinkedIn en 2014, y reseñado por la revista Forbes, señala que tres de cada cinco millennials creen que socializar con los compañeros mejora su ambiente de trabajo, y uno de cada tres cree que ello le ayudará a avanzar en su carrera.

En la misma línea, diversas encuestas realizadas por la empresa Trendsity muestran que para la generación de millennials, que cada vez ocupa mayores espacios en el ámbito laboral, formar parte de un sistema grupal sigue ejerciendo los mismos efectos que en generaciones anteriores: proporciona soporte y confirma la identidad, incluso en mayor medida, ya que la posibilidad de estar conectados permanentemente ha hecho que el valor de la amistad y la opinión del círculo gane ahora un mayor terreno. Las mismas investigaciones destacan, al explorar las manifestaciones de la amistad en las nuevas generaciones, que gracias a la relación con la tecnología la principal forma de vínculo amistoso en nuestros días aún perdura en las redes, donde el contacto es omnipresente y continuo. Sin embargo, influencers como Simon Sinek han puesto de manifiesto un elemento crucial a considerar: si deseamos estar conectados es porque anhelamos interactuar... pero tal vez ya no sabemos cómo hacerlo fuera de nuestros dispositivos móviles, mostramos sólo lo que nos hace lucir bien frente a otros, y esto genera vínculos débiles, superficiales. Es por ello que las organizaciones parecen tener el llamado y el destino de convertirse en el nuevo campo de entrenamiento para aprender a comunicarnos e interactuar presencialmente.

Tal vez no sea una tarea sencilla, pero el incentivo más grande para invertir en generar y mantener las redes de apoyo en el trabajo, es que es un punto de encuentro para todas las generaciones: tanto para aquellas personas que crecieron y fundaron empresas basadas en los fuertes vínculos de sus miembros, como para los adultos jóvenes que cada vez pulsan más por moverse un poco fuera del mundo en línea y volver a conectarse en el mundo real.

Así que, en esta semana te invitamos a tomar un paso en esa dirección: compartir un café en vivo y directo con compañeros de trabajo, dejar los teléfonos en los escritorios y experimentar el gusto (y por qué no, el susto) de conocer lo que hay detrás de cada "foto de perfil"... tal vez descubras un nuevo talento para tu equipo, un potencial acompañante a ver el juego de fútbol, la odontóloga para tus hijos, y hasta un prospecto de socio de vida... en Balance decimos: ¡atrévete! ¡Feliz semana!

 

 

Fuentes:

Chiaburu, D. y Harrison, D. (2008). Do peers make the place? Synthesis and meta- analysis
of co-worker effects on perceptions, attitudes, OCBs and performance. Journal of
Applied Psychology, 93(5), 1082-1103. doi: 10.1037/0021-9010.93.5.1082

Andrés Jiménez Figueroa y Emilio Moyano Díaz. FACTORES LABORALES DE EQUILIBRIO ENTRE TRABAJO Y FAMILIA: MEDIOS PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA.
Revista Universum Nº 23 Vol. 1: 116-133, 2008

Sugeil Landaeta

Psicóloga especialista en desarrollo organizacional, cultura, consultoría de capital humano y HR Business Partnership para organizaciones multinacionales. Asesora personal en materia vocacional, gerencial, de pareja y familia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *